lunes, 6 de agosto de 2007

Tarjeta roja para Narda

La profesora de Geografía era de esos docentes que aman enseñar. Realmente sabía y tenía mucho carisma, paciencia y capacidad para transmitir sus conocimientos. Siempre aparecía en el aula cargando numerosos mapas de tamaños gigantescos. Logró que adoquines importantes comprendieran cómo se delimitaba el cauce de un río, a reconocer los relieves por los colores e, incluso, que aprendieran países con sus correspondientes capitales. Si algo la destacaba era su tenacidad.

Así, dentro de este marco, se dispuso un cierto día de 1994 a marcar el límite de Oceanía. Y su intención era que lo aprendiéramos. Por si no ha visto un mapa de Oceanía es algo así:


Podríamos resumirlo como un despelote impresionante de islas desperdigadas por el Pacífico de la cual la más grande (e identificable) es Australia. Por supuesto, la profesora atacó primeramente este preconcepto y se atajó:

"Australia sola no es Oceanía. A continuación vamos a delimitar el continente, pero de ahora en más no quiero que nadie más diga 'esto es Oceanía' señalando Australia, ¿está claro?"

Por supuesto que todos asentimos y tomamos nota de esta sentencia. Y entonces empezó:

En el mapa nos fue señalando, no sólo las islas por sus nombres, sino la posición precisa de los puntos extremos del continente, con sus correspondientes latitudes y longitudes. Estuvo más de media hora señalando islas de nombres raros, impronunciables, subiendo y bajando, yendo de oeste a este, separando minúsculas islas asiáticas de las que pertenecen a Oceanía… Luego de un rato, terminó, y suspiró, como quien termina una carrera agotadora. Sólo faltaban los aplausos.

Es en este punto que interviene una manita flacucha y temblorosa, que secundada de una voz escuálida y feminoide, se manifiesta con la siguiente frase:

“Entonces… ¿Australia no es Oceanía?”

Sí, era Narda, preguntando justamente lo que no debía preguntar.

La profesora tomó aire, se pasó la mano por la cara, sonrió y dijo con ironía y hastío, mientras miraba al curso completo pero sin mirar a alguien en particular:

“Voy a empezar a implementar un sistema de tarjetas, como en el fútbol, amarillas y rojas, y acumulables. A las preguntas estúpidas les va a corresponder una amarilla y, a las dos amarillas le corresponderá una roja. La pregunta que acaba de realizar el compañero amerita una tarjeta roja directa.”

Narda se puso del color de la tarjeta que le correspondía. Se reía tontamente y se movía en el asiento como si le picara una nalga y tratara de rascarse presionándola contra el asiento. El curso entero se mofaba de ella a las carcajadas.

Obviamente, la profesora no volvió a explicar semejante tema para semejante pavota, así que Narda no pudo saber tampoco si Australia era o no Oceanía. Pasó el examen con poca nota, ya que cuando tuvo que trazar, de modo bastante elemental y poco preciso, el límite de Oceanía, Narda dibujó Oceanía bien en el centro de Australia.

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