Como ya les habíamos comentado en anteriores
posts, la monumental tarea de insultar sutil, moderada y, luego, ferozmente a Nardita (incluyendo la capacitación de los secuaces y las actividades gráficas) nos generaba una notable frustración cuando Nardita no daba ninguna respuesta y sólo se reía al gritarle “puto” relajadamente en la cara. Incluso nuestros secuaces se aburrieron un día ya de invertir saliva en el maltrato nardiano. Todo nuestro talento se perdía si no dábamos un giro inesperado a esta historia. Y consideramos que la mejor opción era acabar con toda la intriga nardiana y revelarle la verdadera identidad del “muñequito”.Recordarán el momento en que Nardita se nos acercó a preguntarnos quién era “el muñequito”, ya que sospechaba que era un compañero de curso. Recordará también que Nardita sugirió que “el muñequito” era maricón, a lo que le respondimos que sí. Y si tiene buena memoria y se hizo la imagen mental, recordará que Narda se fue sigilosamente, como si ya hubiese descubierto quién era. Bueno, ese fue el gran día (un día de diciembre de 1994). Porque a partir de ese glorioso momento en que la curiosidad nardiana nos hizo caer en la realidad, decidimos darle más emoción a la situación.
Era una gran intriga de nuestra parte imaginar qué pasaría con Nardita al saber que se había reído de ella misma durante casi la mitad del año sin saberlo. Gritaría? Lloraría? Reiría? Nos golpearía? Era un riesgo que estábamos dispuestos a correr.
Esa tarde la terminamos pensando cómo sería la mejor manera de encararla. Aunque no lo crea, nos preocupaba usar las palabras exactas para transmitir el mensaje. No por no herir a Narda (aunque le dijéramos eso, no nos creería, verdad?), sino porque luego querríamos reflejarlo en los minibooks, y no deseábamos caer en el derroche creativo como tantas otras veces cuando insultábamos a Nardita sin resultados visibles.
Se nos fue, entonces, la tarde pensando en cómo contarle a Narda la verdad.
Cuando sonó el timbre de salida, nos dimos cuenta de que tanto pensar las palabras justas para un ser que no pensaba era tirar intelectualidad a la basura, por lo que decidimos improvisar.
Nardita había ya salido del colegio cuando bajamos corriendo las escaleras tratando de alcanzarla. La buscamos con desesperación en la caterva de adolescentes que salían presurosos de la escuela hasta que la vimos cerca del cordón de la vereda. Corrimos en una maratónica carrera contra el tiempo, con nuestras pulsaciones elevadas al máximo…
La alcanzamos.
La llamamos.
Ella se dio vuelta en la mitad de la calle y nos miró, tontona, como siempre.
Y ahí la improvisación dio lugar a un hecho memorable.
Las palabras que tanto habíamos intentado encontrar, elaborar, buscando la receta perfecta, resultó en la siguiente frase (un momento esperado e inolvidable en nuestras vidas):
“…por primera vez en tu vida, vas a saber quién es Narda”
Sus ojitos brillaron. Se debió sentir importante, como si le estuviéramos entregando un gran poder. Todo ese sentimiento se le debe haber obnubilado cuando se completó la situación como sigue:
Nardita: Quién es?
Nosotros: Eres tú, tú, tú!!!
Y nos quedamos esperando alguna respuesta… pero no llegó. Narda se quedó helada en el medio de la calle. No respondió, no se exasperó, no mostró ningún tipo de emoción.
Abrumados, pegamos la vuelta y nos alejamos de Narda (tal vez por miedo a que estallara y nos salpicara, o que la atropellara un bondi). Ella se quedó en el medio de la calle.
Nos quedamos pensando en qué pasaría al día siguiente (tomando el tiempo de reacción normal de Narda, esta no fue la excepción). El suspenso no nos dejó dormir.
Al día siguiente cuando llegamos al colegio nos increpa una Narda exaltada, con los ojos inyectados en sangre, y gritando como una loca mala e indignada:
- porque vos, yo creí que éramos amigos y mirá lo que me hiciste, y las barbaridades que le hacían al muñequito, hijos de puta, hijos de puta, hijos de puta, hijos de puta!!!
Esa fue la última vez que Narda habló directamente con nosotros.
En el resto del día se acoplaría a nuestros enemigos naturales haciéndose la víctima y adoptaría una actitud de “nena mala”. Pero esas historias se las narraremos en otros posts.
No crea que porque Narda supo que ella era Narda, se acabaron las anécdotas. Narda ofendida ofreció mucho material.












